El colaboracionismo ha llegado

Bravas
Las palabras, como las patatas bravas, ya no son lo que eran. Foto: Eva M. Rosúa.

1.- Las palabras, como las patatas bravas, ya no son lo que eran. Su significado se va pervirtiendo y no veo pelmazos jovenzuelos, con carpeta, en nombre de alguna ONG, queriendo solucionar el problema. Ahí está Kurt Cobain. Se vuela la cabeza de un disparo y se lleva por delante la palabra “nirvana”. Cerca de la estación del Norte de Valencia hay un sitio de masajes que se llama Nirvana. Sería interesante saber si el nombre es por la RAE o por el ex de Courtney Love. Ahora está muy de moda “colaborar”. Se utiliza para solicitar a la gente un trabajo y no remunerarlo. No sé porque extraña razón se intenta, en ocasiones, que a la petición le acompañe un sentimiento de lucha social. De agrupémonos todos en la lucha final. Buscando un halo de culpabilidad en el contrario. Cuando no hay nada que atente más contra los derechos de los trabajadores que no querer pagarle por su labor. Provoca especial hilaridad cuando la idea nace de alguien con solvencia económica. Son los nuevos colaboracionistas. No lo olviden.

2.- Álvaro Corazón Rural entrevista a Montserrat Domínguez en Jot Down. Como siempre, él está de matrícula de honor. Busquen el número siete de la revista mencionada. Su charla con Johnny Cifuentes, de Burning, es antológica. Lo bueno que tiene Jot Down en papel es que mientras la lees, haces pesas. Decía que Álvaro entrevista a Montserrat. Montserrat Domínguez es la directora del Huffington Post. Ese diario digital en el que los gatitos (al menos, en este caso es el gato robapizza y no otro cualquiera) tienen la misma importancia que el caso Gurtel. Eso sí, a Montserrat Domínguez le indigna que “los informativos se han ido infantilizando y banalizando, te dan un caramelito fácil de digerir con mucho dulce y poco ácido”. En el Huffington Post les chiflan los titulares con números. Los utilizan como el que decían que regalaba droga a las puertas de los colegios. “Las 20 mejores fotos del mundo tomadas con teléfono móvil“. O “14 datos sobre el cura “hipster” que canta como los ángeles en La Voz 3“. El Huffington Post es un periódico colaboracionista. De los que aloja contenidos por los que no paga. Si eso ya es triste, más triste es leer las piruetas que hace Montserrat Domínguez para justificarlo. Por un momento, se parece al mismísimo Pepe Herrero, de Gran Hermano 7. El círculo se cierra.

3.- Anda animado el panorama revistero en este 2015. Rockdelux y Culturas (suplemento de La Vanguardia) han cambiado de diseño e, incluso, la segunda de día de publicación (de miércoles a sábado). Qué Leer ha renovado su equipo de dirección y redacción y ha hecho algo que parecía casi imposible, dar diez pasos atrás en la maquetación. Los contenidos son casi idénticos. Cambiando a Boris Izaguirre por María Dueñas en la portada. Y han aparecido unas cuantas nuevas cabeceras. Dime, algo así como una versión rancia (que ya es decir) de la Pronto; Tapas, la primera revista que el grupo Spainmedia crea desde cero y la mejor de todas las que editan; Ego, que este mes se regala con las revistas de Hearst Magazines (sí, los de Fotogramas o Elle) y que es tan aburrida y previsible como todas las destinadas al hombre global: actor extranjero en portada, relojes y coches, reportajes atemporales con cierto aire vintage y lujo malentendido; y Negratinta, con la crónica periodística en el punto de mira y muchas ganas de poder leerla.

4.- Un adicto a las revistas nunca tiene suficientes. Por eso cuando peor lo pasa es a mitad de mes. Sigue rondando quioscos con hambre de papel, pero sólo le quedan pendientes aquellas que juró, en más de una ocasión, no volver a comprar. Leo un artículo de Natalia Blanc, en la edición digital del periódico argentino La Nación, sobre revistas culturales. Explica que la semana pasada se presentó en Buenos Aires el primer número de la edición local de The New York Review of Books. A continuación habla de otras como La Mujer de mi vida o La Balandra. En los comentarios de los lectores aumentan las menciones a otras publicaciones. Las quiero todas. Estar enfermo es lo que tiene. Mi cabeza se activa. Pienso en si conozco a alguien que esté por aquel país sudamericano o vaya a viajar. Respuesta negativa. Pero darse por vencido sería muy fácil. Habrá que seguir pensando un plan. Por una revista lo que sea.

Emilio Sánchez Mediavilla (Libros del K.O.)

Nueva sección en lugrant. Se llama Teletipos y en ella descubriremos los favoritos periodísticos de nuestros invitados. Como padrino de honor, uno de los responsables de una de las editoriales que más feliz me hace.

Emilio Libros del ko

Me llamo Emilio Sánchez Mediavilla y nací en Santander, en 1979. Soy socio fundador de Libros del K.O. Siempre me he sentido un intruso en todos los oficios que he ejercido. Me falta sacrificio para ser periodista, cultura para ser historiador y paciencia para ser editor. Tengo una hamaca y un plan asombroso para dominar el mundo.

Un diario, en papel, del pasado: Cuando montamos la editorial pensamos que estaríamos todo el día encerrados en misteriosas hemerotecas, descubriendo insólitos diarios del pasado, pero la verdad es que aquí estoy, delante del ordenador, respondiendo a las preguntas de este cuestionario.

Empezaré fuerte y de ahí subiendo: La Ilustración española y americana, de mediados del siglo XIX hasta principios del XX. Tenía una cabecera delirante y sin complejos: una batiburrilo arquitectónico de giraldas, catedrales, ruinas grecolatinas y globos terráqueos. Toda un declaración de intenciones de la confusión promiscua que debe guiar a un periódico. Lo descubrí mientras me documentaba para un trabajo: encontré una crónica sobra la galerna del Sábado de gloria de 1878 que mató a 300 pescadores en Cantabria y País Vasco, acompañada de un grabado de una embarcación engullida por una ola.

Me gustan mucho los avisos del siglo XVI español reunidos en un viejo libro con prólogo de Tierno Galván. Es una mezcla asombrosa de noticias, leyendas y rumores. Hay noticias del frente de Flandes, combates de espadachines de madrugada, caballeros que se cuelan en conventos, escenas de brujería. Y lo mejor: no hay ni una maldita declaración.

Un diario, en papel, actual: Cualquiera que acompañe a un pincho de tortilla. A ser posible, atado con un palo de madera para ondear encima de la barra como si fuera una bandera.

Un diario digital: Todo lo que cabe en un timeline de twitter.

Una revista, en papel, del pasado: Después del postureo de la primera respuesta, seamos sinceros: El País Semanal de finales de los 80 y principios de los 90. Fue mi primera revista. Mi abuelo los coleccionaba y los amontonaba junto a enciclopedias herrumbrosas y tomos ilustrados de cualquier materia: desde el románico palentino a la segunda guerra mundial pasando por la sexualidad humana. En mi recuerdo, asocio el periodismo a hermosos (y pedagógicos) cuerpos de mujeres desnudas.

Una revista, en papel, actual: Una que tenga las entrevistas que realiza Corazón Rural en Jot Down, las tertulias delirantes de El Estado Mental, el tono fanzine(roso) de Vacaciones en Polonia, el tamaño de un Cometa, las portadas de La Luna de Metrópoli, los cuestionarios a editores del KO de Verlanga y la fortaleza financiera de un New Yorker que permita a un periodista trabajar meses en un mismo tema y cobrar fabulosamente por ello.

Una revista digital: Me remito a la respuesta anterior.

Un periodista de siempre Me remito a la la respuesta de mi socio, y sin embargo amigo, Álvaro Llorca: “Quisiera encontrar a una persona desacomplejada como Hunter S. Thompson, con la minuciosidad de David Remnick, con la sensibilidad contracultural de Tom Wolfe, con la precisión de Janet Malcolm, con la visión histórica de Mariusz Szczygiel, con la delicadeza de Josep Pla…”

Un periodista actual: Barriendo para casa: Ander Izagirre, que posee el don de la narración hipnótica del cuentacuentos. Narra con precisión, transparencia y ritmo contagioso. Si Ander escribiera el BOE, la gente lo recitaría en voz en alta antes de dormir. Otra firma es Alberto Arce, para mí el mejor reportero español de la actualidad y, por desgracia, más conocido fuera que en casa. Escribe con el compromiso de George Orwell y la valentía del reportero de guerra.

¿Qué cuatro firmas te gustaría reunir en una publicación? A todos los autores de Libros del K.O., más David Remnick, que es de Debate. Aviso para Miguelón: ojo, que cualquier día rompemos el mercado y lo fichamos.

Un libro sobre periodismo: “La Banda que escribía torcido”, de Marc Weingarten. Es una historia del Nuevo Periodismo estadounidese que provoca euforia y ganas de escribir el reportaje del siglo. Es divertido, minucioso y bajo su estructura absorbente de serie de HBO, está llena de ejemplos útiles para el principiante y para el reportero desencantado.

Una película sobre periodismo: “Primera plana”, de Billy Wilder, aunque ese periodismo se parece tanto al actual como un jardín inglés a la selva.

Antes, leer la prensa, era… La excusa perfecta para no ir a clase en la facultad de Periodismo.

Ahora, leer la prensa es…Una tormenta perfecta. Se ha perdido en orden y tranquilidad, pero se ha ganado en confusión, lo cual no es necesariamente malo. Por encima del caos y de cierto nerviosismo hiperactivo que hay que aprender a domesticar, tengo la impresión de tener acceso a mejor y más variada información que antes.

Un artículo que te hubiera gustado escribir o leer: ¿Por qué diablos se puso de moda el reloj Casio dorado? La verdadera historia del frustrado asesinato de Franco en la regata de traineras de Concha en 1948.